Un equipo de profesionales del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS) ha identificado varios indicadores biológicos que podrían ayudar a predecir, antes incluso de iniciar el tratamiento, qué pacientes con degeneración macular asociada a la edad (DMAE) responderán mejor a los fármacos antiangiogénicos, la terapia de referencia frente a esta enfermedad. El hallazgo forma parte de una investigación de la farmacéutica Laura García Quintanilla, dirigida por Anxo Fernández Ferreiro, desarrollada en estrecha colaboración entre los servicios de Farmacia y Oftalmología del Área Sanitaria de Santiago de Compostela e Barbanza sobre una cohorte de pacientes del propio CHUS.
La DMAE es la principal causa de pérdida grave de visión en personas mayores de 65 años en los países desarrollados, y su forma más agresiva, la neovascular, se trata mediante inyecciones intravítreas de fármacos antiangiogénicos que frenan el crecimiento de los vasos sanguíneos anómalos responsables del daño en la retina. El problema, hasta ahora, es que la respuesta a este tratamiento varía mucho de un paciente a otro: una parte mejora notablemente su visión, mientras que otra apenas obtiene beneficio pese a recibir exactamente el mismo fármaco, sin que existiera hasta el momento una forma fiable de anticipar en qué grupo se encontrará cada persona.
El equipo investigador analizó un centenar de variantes genéticas relacionadas con la enfermedad, lo que permitió identificar varios polimorfismos asociados a una mejor o peor evolución tras el tratamiento, entre ellos uno vinculado a los niveles de proteína C reactiva, un marcador de inflamación ya conocido en otros contextos clínicos. De forma complementaria, se estudiaron parámetros analíticos sencillos y accesibles, como el ácido úrico en sangre, que mostró diferencias claras entre quienes respondían bien y quienes respondían mal al tratamiento, con una peor evolución observada además en las mujeres. El seguimiento de los pacientes durante un año permitió detectar también en sangre una molécula circulante, un microARN, cuyos niveles varían de forma distinta según la respuesta a largo plazo al tratamiento, lo que la convierte en una candidata a biomarcador pendiente de confirmación en estudios de mayor tamaño.
En conjunto, los resultados apuntan a que la eficacia de este tipo de tratamientos no depende únicamente del estado del ojo tratado, sino también de las características genéticas y metabólicas propias de cada paciente, una conclusión que refuerza la idea de avanzar hacia una medicina más personalizada frente a una enfermedad que en Galicia, como en el resto de Europa, continúa siendo una de las principales causas de ceguera en las personas mayores. Los propios investigadores han destacado que el hallazgo solo fue posible gracias a la colaboración estrecha entre los servicios de Farmacia y Oftalmología, y confían en que, si se confirma en estudios más amplios, pueda trasladarse a la práctica clínica para seleccionar mejor a los candidatos a este tratamiento y ajustar las expectativas terapéuticas desde el primer momento.