La Xunta de Galicia ha anunciado una ampliación del Programa gallego de detección precoz del cáncer de cérvix que adelanta la edad de inicio del cribado de los 35 a los 30 años y que, además, incorpora a las mujeres de entre 25 y 29 años que no cuenten con una pauta de vacunación adecuada frente al virus del papiloma humano (VPH). El presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, presentó la medida como una extensión «natural» de un programa que funciona desde 2019, y cifró en unas 76.000 las mujeres gallegas que se beneficiarán de la nueva cobertura de aquí a 2030.
El cambio no es solo de edad, sino también de método. A partir de ahora, el sistema empleará un circuito único basado en la prueba de VPH de alto riesgo (VPH-AR) como test primario para todas las mujeres de entre 25 y 65 años, en sustitución del esquema previo, que combinaba distintas pruebas según el tramo de edad de la paciente. El cambio responde a las recomendaciones del grupo de trabajo sobre cribado del cáncer de la Comisión Europea, que aconseja precisamente avanzar hacia pruebas de VPH como método principal allí donde la cobertura vacunal lo permite. La razón técnica es la fiabilidad: la citología convencional, pese a haber sido durante años la herramienta de referencia, presenta una tasa de falsos negativos que supera el 28,7% en los casos de lesiones ya invasivas, mientras que la detección del virus ofrece una sensibilidad mayor para anticipar la enfermedad antes de que progrese.
En términos prácticos, de las 76.000 mujeres que se incorporan al programa, 57.946 son las que cumplirán 30 años entre 2026 y 2030 y que hasta ahora quedaban fuera de las citaciones, que arrancaban a los 35. Las otras cerca de 18.000 son gallegas de 25 a 29 años sin una pauta vacunal considerada adecuada frente al VPH; a estos efectos, se entiende por pauta adecuada haber recibido al menos una dosis de la vacuna antes de los 15 años, tal y como marca el calendario vacunal vigente. Esta doble vía permite que el programa llegue tanto a mujeres que superan ya la edad de vacunación sistemática en la infancia como a las más jóvenes que, por distintos motivos, no completaron esa inmunización en su momento.
El balance del programa desde su puesta en marcha en 2019 sirve de argumento a la Xunta para justificar la ampliación: se han cursado más de 397.000 invitaciones y se han realizado 248.872 pruebas, con una tasa de participación del 62,55% de las mujeres citadas. En ese periodo se han diagnosticado 105 cánceres, el 75,7% de ellos en estadio I, la fase más temprana y con mejor pronóstico de curación, y se han tratado a tiempo cerca de 3.000 lesiones precursoras que, de no haberse detectado, podrían haber derivado en un tumor con el paso de los años.
La ampliación anunciada se sufraga con una partida de 51.000 euros, una cifra relativamente contenida porque se apoya en la infraestructura ya desplegada del programa poblacional. Rueda defendió la decisión señalando que «seguimos impulsando os cribados como mellor xeito de previr enfermidades graves» y fijó como horizonte llegar a esas «76.000 mulleres máis» antes de que acabe la década. España no dispone todavía de un modelo homogéneo de cribado de cáncer de cérvix entre las distintas comunidades autónomas, por lo que cada territorio fija sus propios criterios de edad y periodicidad dentro del marco general recomendado por las autoridades sanitarias europeas.